domingo, 21 de mayo de 2017

Un Nuevo Libro y Desafío personal

Hola a todos mis queridos seguidores.

Ha sido un tiempo desde que me pasé por mi propio lugar, pero era necesario para organizar mi alrededor. Pero ahora mismo estoy de vuelta con bríos renovados.
La escritura para mi es primordial en mi vida pero a veces hay que dar un paso atrás para volver a impulsarse y eso solo alienta a que uno mismo se desafíe y explore nuevos horizontes, en este caso para mi siempre va a dirigido a mis historias. 

Les cuento que hoy es un día muy feliz porque mi libro A Quién... salió ya a la venta por AMAZON -tanto electrónico como en Físico- pero en breve lo sacaré por la plataforma de PAYHIP donde pondrán encontrarlo en formato Epub y PDF.




Si se preguntan que clase de libro es A Quién... pues ahora mismo les cuento un poco.

Este nuevo libro que es un poco fuera de lo común, en cuanto a lo que normalmente escribo. No es un trío, debo aclarar y no es de temática LGTBI. Es una historia más que nada que entrelaza las vidas de tres personas y de como una tragedia marca a cada una de ellas. Son sentimientos y consecuencias intensos como si se tratara de una montaña rusa. Es un libro de diferentes facetas y situaciones.

Espero realmente que les guste y me sigan apoyando como hasta ahora.


"¡GRACIAS!"

Por último quiero compartirles el primer capítulo para que ustedes vean de que trata esta historia.








Bien dicen por ahí que cuando una puerta se cierra otra se abre, sin embargo, para Elizabeth Mullin eso no era más que basura. 

Su vida estaba bien, era estable y lo tenía todo, todo lo que había deseado y anhelado alguna vez. Después de que un hombre rompió su corazón, se levantó de ese doloroso tropiezo, hasta que por fin encontró lo que buscaba en la persona de Leonardo Farkas. Había formado un matrimonio armonioso, cálido y amoroso, pero una vez más, la felicidad no es para siempre. 

Una tragedia se cierne sobre su matrimonio, sin embargo, el dolor, la rabia y la desesperación arrastra a los dos hombres que más la aman a reencontrarse frente a frente después de años. 

Ellos están resueltos a hacer lo que sea por ayudar a la mujer –que sin lugar a dudas, no se perdona– para que vuelva con ellos y poder enderezar lo que en algún momento se torció en el camino.

Tres personas, dos personas unidas más allá de todo y una que espera finiquitar y arreglar lo que un día los unió.



CAPÍTULO 1

La noche había caído hacía ya varias horas, ella estaba sentada tras su escritorio, pensaba y escribía a la vez, sus dorados cabellos caían sobre su rostro que a la vez mostraba el paso de los años. 

¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Diez, doce años? la verdad ya nadie lo recordaba muy bien. 

Sus amigos se habían rendido hacía tiempo, eso sin lugar a dudas la llevó a quedarse una vez en completa soledad. 

Siempre se sintió sola, jamás aceptó la idea de sentirse amada por alguien, sentía que no se lo merecía. La soledad, la acechaba cada vez más de cerca, tanta rabia y tanta desolación habían cambiado por completo su perspectiva de la vida. 

Para ella, no había nada más que hacer. 

* * * * * * 

Lejos de aquella atmósfera deprimente, una función de teatro terminaba. El paso del tiempo había hecho sus estragos, el brillo en la mirada no era el mismo, la angustia de saber que lo que más amaba se estaba extinguiendo colgaba de su ser y sin embargo, la vida tenía que continuar dando paso en su lugar el resurgimiento de nuevas cosas. 

¿Qué sería de él sin toda esa magia a la que daba vida y a su vez le regresaba un poco de ella? 

Se preguntaba una y otra vez, si se hundiría como barco o simplemente tendría que dejar que encallara. 

¿Hacia dónde iba? 

* * * * * *

Se sentía tan abandonada y tan perdida como en alguna ocasión se llegó a sentir, pero no quería recordar porque a pesar del tiempo aún seguía doliendo. 

* * * * * * 

Del otro lado de la ciudad un hombre manejaba su auto, en su rostro se notaba la nostalgia de un pasado opulento, aquella sonrisa que daba paz había desaparecido, él se preguntaba…“¿Dónde estará ella? ¿Estará bien? ¿Le faltará algo?” 

Eran demasiadas interrogantes para repetirlas, bastante tenía con que le rondaran día y noche. 

Diez años habían pasado y parecía que la culpa aún le carcomía el alma, eran tres almas que sufrían por una misma causa, tres destinos que en algún momento fueron felices, sin embargo, era a ella a quien se le habían acabado las ganas de vivir. 

* * * * * * 

La noche seguía avanzando y ella tenía sobre su escritorio dos cartas a las que miraba con profunda tristeza dejando caer sobre ellas amargas lágrimas que aún con el paso del tiempo no se habían podido extinguir. 

La mujer, mandó llamar a uno de sus empleados y al instante le entregó las cartas pidiéndole que fueran entregadas a la brevedad posible. 

Ese preciso día, esa mujer cumplía treinta y cinco años de los cuales, treinta había vivido con intensidad a lado de dos hombres maravillosos, cada uno en su tiempo, pero los había vivido al máximo. 

Recordaba, mientras caminaba por toda su casa, haciendo que sus pasos firmes tocaran cada una de las habitaciones, parecía como si se despidiera de todo y de cada cosa. 

Al llegar al final del pasillo, se topó de frente con la puerta que había prácticamente aislado de todo lo demás, incluyendo de su mente y su memoria. La puerta estaba cerrada con candados, le dolía el alma pasar siquiera por un lado, pero esa noche en particular se había propuesto abrirla; poco a poco con manos temblorosas destrababa los candados y conteniendo el aliento, empujó la puerta que al instante rechinó por la falta de uso. 

Era consciente en ese instante que su cuerpo y mente no estaban conectados porque sus piernas se movían, pero su mente le nublaba la vista. 

Con un suspiro profundo abrió poco a poco sus ojos y lo primero que vio fue la pequeña cuna de color azul con los pequeños patitos pintados sobre la cabecera, trayendo como relámpago el recuerdo de una vida como si fuera ayer. 

Se acercó a la pequeña cuna, recargándose en los finos barandales de protección, observando como poco a poco una silueta se empezaba a formar, recordándole tan vívidamente a un pequeño niño de tez blanca, ella parecía verlo ahí acostado en su pequeña cunita, riendo al ver los gestos de aquel pequeño, no cabía duda de que era su hijo, su pequeño y hermoso bebé. 

A lado de la cuna había un porta-retratos empolvado por el paso del tiempo, plasmaba los recuerdos de lo que alguna vez fuera una familia, observó la fotografía tomándola entre sus manos temblorosas, limpiándola cuidadosamente y al hacerlo recordó a su esposo Leonardo, su pequeño hijo Liam y a ella, todos muy contentos y sonrientes. 

Ella parecía pintar una sonrisa tímida trazando su dedo por el hombre y el niño, mientras pronunciaba en su mente llena de niebla y densa incertidumbre… 

Todo parece como si hubiera sido tan solo ayer… 

—Mi esposo… Leonardo… ¿Qué fue lo que te pasó? Jamás hubiera pensado que reaccionarías de esa manera, pero que culpa tenía nuestro hijo de los problemas que veníamos arrastrando… —la mujer lloraba amargamente dejando correr las lágrimas—. Y Adam, tú abandonaste todo por quedarte conmigo, no te importó que estuviera casada con tu mejor amigo y mentor… Cuanto te amé, cuanto te amo… Adam hice cuanto pude por nosotros y no fue posible. Y ahora, me siento tan culpable de haber deshecho dos vidas maravillosas, dos vidas que eran mías y que las hubieran dado por mí, por mi insignificante ser… yo fui la que desencadenó todo y ahora la culpa me está matando. —El llanto agrio y amargo salió en gritos desgarradores, era evidente que la culpa, la soledad y la tragedia estaba desgarrando su vida. 

Dotty, su amiga y compañera seguía a su lado, sin embargo ya no podía hacer nada por ella, todo lo había tratado y nada había funcionado. 

Elizabeth estaba totalmente perdida, sumida en una depresión total, su hijo, su esposo, su matrimonio, su amante, todo, todo había perdido, ella sabía muy bien que ya no soportaría mucho más de ese infierno. 

Elizabeth llegó hasta su habitación, dirigiéndose directamente a su escritorio, se sentó en el enorme sillón, abrió el cajón sacando un abrecartas bañado en oro y sin pensarlo dos veces abrió sus venas, su voluntad se había ido, ya no le importaba nada, todo lo había perdido, ya no tenía nada más porqué ni por quién vivir. 

Su mundo había por fin colapsado. 

De las muñecas de Elizabeth manaba sin cesar su sangre que inmediatamente se derramó sobre el escritorio, ella, con una sonrisa cerró los ojos, sintiendo poco a poco como las fuerzas se le iban, dejándola en un sopor suspendido, pero en ese instante Dotty entró y al ver la funesta escena gritó, de inmediato llegó hasta Elizabeth tratando de hacer torniquetes en sus muñecas pero parecía inútil porque pronto lo que estaba usando se empapaba en el rojo carmesí. 

Como pudo llamó a la ambulancia en tanto trataba junto con otros de sus empleados mantener apretadas las heridas, tal y como le habían dicho en la línea de auxilio. 

Los minutos que tardó la ambulancia en llegar fueron eternos para Dotty y sin embargo parecía al menos que estaba menguando el correr de la sangre o eso creía ella. 

Sin tardar más los paramédicos atendieron rápidamente a Elizabeth para poder trasladarla al hospital, pero en el transcurso sufrió un paro cardíaco, los paramédicos trataban de estabilizarla y salvarla de una muerte inminente. 

* * * * * * 

En tanto aquello pasaba, en una casa no muy lujosa tocaban a la puerta, un hombre con una copa de vino atendió el llamado topándose con un chico que extendía su mano y en ella se encontraba un sobre. 

—Traigo una carta para el señor Adam Alistear. 

Extrañado, Adam tomó la carta, dándose cuenta de inmediato que no traía remitente, pero esa caligrafía era inconfundible, la reconocería a pesar del tiempo, con urgencia rompió el sobre leyéndola en el acto, con cada línea que leía sus ojos se ampliaban más y más de pronto un grito de pánico salió de su garganta: 

—¡¡¡Nooooo… Lizzy…!!! 

Adam tomó su abrigo, cerrando de un portazo la puerta de su casa, marcó el número telefónico de la casa de Elizabeth y le informaron de inmediato a donde la habían trasladado. 

Parecía una pesadilla, Adam solo quería llegar y estar junto a ella. 

Sin embargo no era el único porque al igual que Adam, Leonardo había recibido exactamente la misma misiva solo que minutos antes y su reacción había sido la misma. 

Por fin Elizabeth llegó al hospital, mientras el desfibrilador hacía su trabajo, los médicos hacían todo lo posible pero, parecía que ya era muy tarde. 

* * * * * * 

En la sala de espera los dos hombres se volvían a ver cara a cara, sin siquiera saber cómo reaccionar, los dos aún traían en sus manos esas cartas malditas que apenas hacía unos momentos la mujer que amaban con toda el alma les acababa de escribir. 

Los hombre se vieron fijamente, pero ninguno dijo una palabra y en cambio sus miradas bajaron dejando a la deriva un mar de preguntas sin respuestas. 

Adam se dirigió hacia los sillones de la sala de espera sentándose y de inmediato recargó sus codos sobre sus rodillas dejando que sus manos cubrieran su rostro, esperando cualquier noticia. 

Leonardo observaba la desesperación en su rostro, la misma que probablemente se encontraba pintada en él. Perdiéndose en la nada, Leonardo comenzó un soliloquio mental… 

“Me encuentro ahora frente a frente, con mi amigo, mi enemigo y no sé qué decir, tal parece que él tampoco, veo que trae una carta entre sus manos y la estruja con fuerza, sin embargo, la guarda ¿Qué hago? Mi mujer está ahí debatiéndose entre la vida y la muerte y aquí frente a mí, alguien que al igual que yo se está muriendo por el sufrimiento de ella. ¿Qué hago Dios mío? ¿Qué hago?” 

Leonardo cerró sus ojos fuertemente recargándose en la pared y solo atinó a aspirar con profundidad, llenado sus pulmones, pero sintiendo el vacío de su alma. 

Adam al escuchar el profundo aspirar de Leonardo levantó la mirada y lo observó haciendo que su mente divagara... 

“No puedo creerlo, aún después de tantos años sigue igual, mi amigo, mi mentor, casi mi conciencia ¿Cuándo fue que todo cambió? ¿Cuándo fue que nos convertimos en rivales? A decir verdad, creo que desde siempre lo fuimos -en su rostro apareció una mueca más perecida a una sonrisa casi indivisible-. ¿Qué hago? No creo que un saludo sea lo conveniente, mi mujer está ahí dentro y no sé qué pasa, ya no quiero pensar más en eso, no puedo, no debo. 

Adam suspiró levantándose del sillón yendo a recargarse contra la pared esperando respuestas. 

* * * * * * 

La sala parecía aún más sola, aquellos dos hombres estaban sumidos en el más grande silencio, tragados por el enorme abismo que se empezaba a formar entre esos dos mundos. Ninguno de los dos se miraban y ninguno hacía el esfuerzo. Los dos recargados en las paredes blancas con los ojos cerrados pensando cada uno que su mujer se debatía entre la vida y la muerte. 

De pronto cuando más sumidos estaban en sus mundos, las puertas automáticas se abrieron frente a ellos, el oxígeno pareció desaparecer en ese instante, el doctor salió un tanto serio y los dos lo abordaron poniéndose delante de él apresurándose a preguntarle por ella. 

—¿Cómo está? 

El doctor solo atinó a mirar a ambos a la vez que arqueaba una ceja. 

—Solo puedo hablar con el esposo de la señora —se concretó a contestar. 

Los dos quisieron hablar sin embargo, Adam optó por retirarse un poco para no crear problemas y asistiendo de mala gana dio un par de pasos hacia atrás. 

—¡Espera! —Acotó Leonardo sin mirarlo, haciéndole una seña para que regresara para que escuchara lo que tenía que decir el doctor—. Hable doctor, es necesario que él también escuche. 

—Como quiera señor Farkas. 

Adam no movió un ápice de su rostro solo bajó un poco la mirada observándolo de soslayo como un simple acto de gratitud. 

El médico empezó a hablarles detenidamente explicándoles que por ahora Elizabeth estaba estable, sin embargo, había más en las palabras del doctor, tanto Adam como Leonardo sabían que se estaba demorando en decirles lo que suponían era lo peor. 

—La señora, no tiene ni las más remotas ganas de seguir viviendo y si ella no pone de su parte, nosotros no podemos hacer más, por eso señor Farkas quisiera poder contar con su ayuda. 

—No se preocupe doctor, pondremos de nuestra parte —adelantó a decir Leonardo haciendo partícipe a Adam, sin embargo el doctor parecía un poco más que extrañado con la situación. 

—Me supongo que el señor —refiriéndose a Adam— tiene mucha cercanía a ustedes. 

Adam ante este comentario dejo salir su cinismo como era su costumbre cuando algo no le parecía. —La verdad doctor, no sé qué relevancia pueda tener su comentario, pero para despejar sus dudas le contestaré —lo miraba fijamente a los ojos—. Y sí, si soy parte importante en la vida de la señora, eso es lo único que debe de saber, lo demás no le interesa. 

—Doctor, solo díganos ¿podemos verla? —Leonardo preguntó de inmediato pues sabía cómo era Adam cuando algo no le parecía, además tampoco quería dar más explicaciones. 

—Sí, en unos momentos mando a una enfermera para que los guíe, solo sean prudentes. 

—Gracias. 

El doctor se retiró sin asumir nada y pronto ese silencio sepulcral se hizo presente entre los dos hombres. 

Ninguno sabía que decir o como empezar alguna conversación, de pronto, sus miradas por fin se cruzaron, los dos advirtieron el paso del tiempo. Doce años era mucho tiempo. 

—Leonardo… 

—Ahora no Adam, por favor. No ahora. 

—Comprendo…


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Un placer volver y con algo que ofrecerles.

Un saludo y nos veremos prontito





2 comentarios:

  1. Hola, una historia muy triste y interesante, como a veces el sufrimiento y la traición y el dolor, lleva a cometer más dolor y errores. Ya tengo ganas de saber como sigue la historia, que se ve que tiene un poco de todo. Besos

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  2. OOh que ilusión, deseando leerla, se ve bien interesante. Muchos besos y exitos

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